La práctica y el cultivo de las Virtudes Sublimes (Brahmavihārās –en sánscrito) es una práctica tradicional budista que atrae por su simpleza y potencialidad. Toda persona en todo tiempo puede sentirse relacionada a esta propuesta, ya que son virtudes que naturalmente deseamos tener y, a la vez, nos presentan verdaderos desafíos, que, tomados como oportunidades, abren un interesante camino hacia el despertar.
Las Virtudes Sublimes se practican a través de meditación y recitaciones. Mi propuesta, además de ese enfoque tradicional, incorpora la práctica de movimiento consciente basada en qigong y mudras. A diferencias de otras prácticas meditativas, estas se enfocan en “cultivar desde el cuerpo”, para no solo aprender, sino también llevar a la vida cotidiana, hacer florecer… porque, en definitiva, es en el propio día a día en donde debemos volcar el amor, la compasión, la dicha y la ecuanimidad.
Las Virtudes son cuatro:
METTA -amor bondadoso- nos invita a la apertura, a la tolerancia y a la inclusión, trascendiendo los apegos y las ideas ilusorias sobre amar y distanciándonos de los deseo de desdicha. Es un amor generoso, que otorga libertad y está firmemente apoyado en la ecuanimidad.
KARUNA -compasión- nos invita a estar para otros, primeramente estando para nosotros mismos. No es lástima, pena ni tampoco empatía abrumadora. Por el contrario, surge de la fortaleza de la presencia activa y generosa, y se basa en la noción fundamental de que todos los seres podemos estar libres de sufrimiento.
MUDITA -alegría por la prosperidad de otros- llamada alegría empática o dicha altruista, es la posibilidad de celebrar la abundancia de la existencia, a pesar de las dificultades propias. Su cultivo nos conecta con la vida y con la profunda gratitud hacia lo que hay, distanciándonos de los estados internos de carencia.
UPEKKHA -ecuanimidad- nos habla de la posibilidad de volver al centro y de conscientemente elegir una vida en armonía, experimentando los apegos pero sin dejarnos llevar por ellos. Se estudia y practica en último lugar, ya que es el fundamento y elemento que da balance a las demás virtudes.
¿Quién no desea amar de esta manera? ¿Quién no desea ser compasivo y dichoso? ¿O vivir una vida ecuánime?
Las Virtudes Sublimes representan uno de los caminos posibles. Un camino amoroso, compasivo, esperanzador y abundante, porque los primeros destinatarios de los beneficios de estas prácticas somos nosotros mismos. Solo encontrando y nutriendo la semilla de cada virtud en nuestro interior podemos intentar dar a otros lo que entonces irradia, naturalmente, desde nuestro corazón.